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Necesito un manual de estilo para recomponer las formas exactas de mi vida. Todos los días permanezco activada en el modo “soy una gorda y odio que los demás se acerquen a mí porque doy asco”; pero aparentemente doy la imagen de ser muy segura de mí misma y a menudo me han comentado “cuando te ví pensé que eras una niña pija engreída...”, “una prepotente niña de papá..” o aquello de “tía estirada y refinada que jamás ha fregado los platos...” Luego hay quien opina que lo he tenido y lo tengo todo; quién incluso me envidia, me agasaja, me suelta un “con todas las vueltas que ha dado tu vida ya te puedes ir del mundo con la cabeza bien alta, porque tú Loola, tú has vivido...” Y suena hasta profundo...

miércoles 18 de mayo de 2011

FEMINISTA Y FEMENINA

Se nos llama "fácil" cuando usamos la misma moralidad sexual que un hombre. Si nos gusta viciosamente el sexo somos unas putas, unas calentorras, unas enfermas... Y no podemos (creencia ridícula) a aspirar a ser más allá de un mero servicio sexual. Si revindicamos nuestra dignidad como mujer en los diversos aspectos de la vida es porque "estamos llenas de carecias personales y complejos físicos". Si avalamos la lucha de géneros nos acusan de "paranoicas" y "radicales" sin percatarse por ejemplo que laboralmente a un hombre se le paga más por menos y a una mujer menos por más. Porque increíblemente en el país super guay y super progresista y super moderno y super europeo en el que vivo todavía esto es así.

Nos inspiramos en los discursos de Beauvoir sin saber que solo fue una esposa sometida más, incapaz de confensar que era bisexual, que perdía el culo por Nelson Algren y que era tremendamente celosa y convencional.

A nuestras abuelas se les prohibió socialmente el sexo recreativo, a nuestras madres se les amenazaba con ir al infierno y quedarse calvas si accedían a tomar la píldora anticonceptiva. A nosotras hoy se nos da información, se nos dan medios y hasta un consolador en la Sexologies, y aún así nos cuesta hablar abiertamente de sexo, de preferencias, de realidades eróticas, de hacer de éste un tema más de conversación cuando tenemos delante a un hombre... ¿Y por qué? Por ese miedo a la opinión masculina, a ese machismo biológico que les embriaga y les hace llevar palominos en los calzoncillos.

Porque en el fondo ellos están cagados y saben que nosotras jamás hemos sido el sexo débil y esto es algo que la historia indiscutiblemente muestra: que detrás de un hombre siempre hay una gran mujer (ya sea su esposa, amante, madre o hermana). Podríamos decir que cuando todavía caminábamos encorvados, pintábamos en las paredes y cazábamos mamuts estos hombres fueron, en un único momento de lúcidez, inteligentes y asimismo eficientes porque es evidente que la idea les ha durado siglos... La idea en cuestión recayó en el reparto de tareas: ellos se iban con los colegas a correr detrás de los animalillos con la excusa de que la familia tenía que comer mientras que a nosotras se nos imponía el yugo de la maternidad y de la casa (bueno, en aquellos remotos años, cueva). No teníamos ni tiempo para ser fashion victim, ir a la universidad o tomar el café de las cinco con las amigas, acudir a clase se aguagym o leer grandes obras de la literatura como La maldición de Adán de B. Sykes.

Ahora la permisividad sexual femenina es una tónica social gracias al polvorín que fueron los años sesenta y hechos como las dos guerras mundiales, la píldora anticonceptiva y la exaltación del sexo lúdico en las mujeres. Pese a la liberación, la moda y los cosméticos continúan despertando el interés de una gran parte de las feministas. Lo de dejar el vello púbico en barbecho después del verano o afeitarse el sobaco cuando aquello apunta en convertirse en una cola de caballo ya pasó. Las feministas han dejado de llevar ropa holgada, ir despeinadas o sin depilar para dar paso a un feminismo más chip, más cool, más coqueto. Sin embargo, habrá quien vea aquí una influencia clara del hombre en convertirnos en exclavas de nuevo (ahora que ya controlamos la preñez).

Habrá quien piense que esa disposición femenina de sentirse bella consigo misma, no es más que fruto de la crueldad del hombre de controlar a la hembra y mostrar su superioridad sexual convirtiéndola en esclava de su propio físico. "Solo te desearé y querré si eres guapa, joven y atractiva, y si perdurás así en el espacio-tiempo." Habrá mujeres que se entreguen a esta premisa con devoción y hastío, pero estas mujeres no son ni serán nunca feministas.

Lejos de lo que muchos han pensado, el feminismo no es solo de lesbianas y mari-machos sino que los ideales feministas se pueden conjugar perfectamente con eso de ser "femenina" sin ser una "obsesionada". El ejemplo más claro lo tenemos en Ana Obregón, que antes de ser dos tetas y un culo, un porte bonito, la madre del hijo del condenosequé; es "bióloga". Toma ya.

Pero no basta con ser feminista y femenina. Asimismo tenemos que dejar de sentirnos culpables en lo que a los asuntos de alcoba nos atiende porque ser en la cama una zorra no significa que seamos malas amas de casa, malas esposas, malas amigas, malas cocinillas... O que no podamos pretender ser algo más que un polvo, una noche loca o un tórrido romance. Que no somos más ni menos feministas si pasábamos de usar las botas planas hippies a la lencería insinuante y roja, que lo que importan son los principios y no humillarse por aquellos hombres que no nos merecen.